—¿Ha leído usted Guerra y Paz?
—¿Cómo dice?
—Guerra y Paz, de
mi tocayo León Tolstói.
—No —repuse, sin comprender a qué venía aquello—. Lo
empecé, pero lo dejé a la cuarta batalla o a la cuarta fiesta, no recuerdo
bien.
—Una lástima —opinó—. Siempre pregunto esto, porque tengo la pequeña
manía de dividir a la gente entre quienes han leído y quienes no han leído ese
libro. Hay una raya divisoria entre quienes soportan mil quinientas páginas de
sabiduría continua y quienes se rinden a medio camino. Esperaba sinceramente
que usted estuviera del otro lado de la raya.
—Lamento defraudarle. Sólo termino
los libros que me mantienen la curiosidad.
—En cualquier caso, la frase que quería citarle debe de estar
por la página veinte, así que seguramente la leyó, aunque acaso no la recuerde.
La pronuncia el príncipe Andréi: Querido, no puede decirse en cualquier parte
lo que uno piensa.
El alquimista impaciente (Lorenzo Silva)
